La edad mediana en México aumentó de 29 a 32 años entre 2020 y 2025, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este cambio confirma que el país vive una transición demográfica: menos personas jóvenes, mayor proporción de adultos y adultos mayores, y un impacto directo sobre los sistemas de pensiones, el mercado laboral y la demanda de cuidados.
La Encuesta Intercensal 2025 revela este giro relevante en la composición poblacional: para 2025, la mitad de los mexicanos tiene 32 años o menos, la otra mitad supera esa edad. La reducción en los grupos de menor edad y el avance de la población adulta coinciden con proyecciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), que prevén que en 2050, el 24.1% de la población tendrá 60 años o más.
El aumento de la edad mediana no significa que México sea ya un país viejo, pero sí refleja una transformación acelerada. México, durante décadas de pirámide joven, enfrenta ahora una mayor presión sobre el sistema de pensiones:
Más personas necesitarán ingresos durante la vejez.
El crecimiento de la población laboral será menor.
Habrá menos trabajadores activos por cada persona jubilada.
Mayor longevidad significará jubilaciones más largas.
Demandas incrementadas en servicios de salud, cuidados y gasto público.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en los Criterios Generales de Política Económica 2026, advierte que esta transición demográfica puede reducir la base de contribuyentes activos y aumentar la población que requiere pensiones o apoyos públicos.
Tener una vida más prolongada es avance social, pero supone planear retiros de hasta 20 años o más. Según Conapo, en 2070 la esperanza de vida llegará a 86.4 años para mujeres y 79.9 para hombres. La pregunta central: ¿alcanza el ahorro laboral para cubrir un retiro cada vez más extenso?
La respuesta dependerá de salario, aportaciones, semanas trabajadas, periodos de informalidad, y edades de inicio en el ahorro. El riesgo es mayor para quienes han trabajado en la informalidad: llegarán a la vejez con menos protección y más dependencia de ayudas públicas.
En México existen pensiones laborales (contributivas) y pensiones no contributivas (financiadas con gasto público). Las primeras dependen del tiempo cotizado, salario registrado y continuidad laboral. Las segundas son vitales como red de protección, pero su costo crecerá según aumente la población mayor.
Extender la formalidad, mejorar la continuidad de cotizaciones y promover el ahorro voluntario resultan acciones cruciales. La política pública debe facilitar el acceso a información sobre las semanas cotizadas y los saldos, y apoyar trayectorias laborales diversas.
El envejecimiento aumentará la necesidad de cuidados de largo plazo, un trabajo que recae principalmente en los hogares y, sobre todo, en mujeres. La creación de un Sistema Nacional de Cuidados permitiría servicios para adultos mayores y respaldo profesional al trabajo de cuidados, facilitando también que más personas acumulen derechos pensionarios.
La planeación familiar debe incluir revisar la cuenta de afore, identificar periodos sin aportaciones, calcular ingreso de retiro y prever gastos de salud y cuidados.
Los datos del Inegi permiten identificar dónde viven los adultos mayores y planear pensiones, salud, infraestructura y presupuestos regionales. El aumento de la edad mediana prova que la transición demográfica ya sucede.
La estrategia nacional debe integrar más empleo formal, pensiones sostenibles, ahorro suficiente, servicios de salud y un Sistema Nacional de Cuidados. Para los hogares, anticipar el retiro y los cuidados familiares será determinante para evitar pobreza y dependencia económica en la vejez.
¿Tienes dudas? Escribe tus comentarios a [email protected]